Estabas sentada al fondo del largo salón. La luz casi no daba en tus ojos tapados de negro y purpurina.
La sonrisa primera fue para la noche, y surtió su perseguido efecto, me sentí celoso.
Después, el humo borroneo eficazmente el camino de las horas, desparramando olvidos y parchando rutinas con tragos multicolores.
Casi puede decirse que no había nadie cuando te vendí una parte de mi boca, que tus piernas compraron sin mirar la letra chica.
La segunda sonrisa fue para la luna, que dejó al descubierto tu espalda y mis latidos.
Todo tu corpóreo discurso fue saludado por una ovación de los sentidos.
Cuando finalmente la cordura paso revista en la mañana, yo sostenía una mentira que te deje como ofrenda en la mesa de luz.
Sonreíste, mientras contabas panaceas, con presicion de matemático.Mas tarde en medio de la brisa, mientras refugiaba mis manos en los bolsillos, antes cargados de esperanza y ahora vacíos de ansiedades, sostuve una certeza que por engañosa resultó sublime. La última sonrisa había sido para mí.
he perdido alguna vez, mis documentos. un amor. la inocencia. la adolescencia. he perdido la batalla contra el tiempo, y la sigo perdiendo. me perdi en el resplandor de una sonrisa.Quizas la historia de mi vida se resuma en eso. la derrota de lo que quise y no pude, o no quiso, o no quise. pero al fin y al cabo. no me arrepiento de ser el paladin de quien todos rehuyen.
sábado, septiembre 13, 2008
domingo, agosto 31, 2008
El consuelo del infortunio
Dispersos por las calles caminan como si fueran almas normales, ríen trivialidades con maestría, se comunican fácilmente con el resto de los mortales.
Si no se los mira fijamente a los ojos, no se notan los remiendos del espíritu.
A veces, en medio alguna intrascendente charla, se queda alguno en silencio, como reflexionando. Pero solo es un ataque de nostalgia, fácilmente detectable por la humedad insoslayable de sus pupilas.
Selección de quebrados, amasijo de golpeados, ejercito de dolientes que resisten porque no les queda otra.
La muerte seria otro paso en falso, por lo que deciden pasar inadvertidos, paso a paso desandar este eterno invierno del alma.
Que paradoja el hecho de que uno los detecte a simple vista; será que alguna vez ese invierno nos hundió hasta las orejas en la nieve del desamor.
O quizás la primavera no se siente tan reconfortante como prometía.
Si no se los mira fijamente a los ojos, no se notan los remiendos del espíritu.
A veces, en medio alguna intrascendente charla, se queda alguno en silencio, como reflexionando. Pero solo es un ataque de nostalgia, fácilmente detectable por la humedad insoslayable de sus pupilas.
Selección de quebrados, amasijo de golpeados, ejercito de dolientes que resisten porque no les queda otra.
La muerte seria otro paso en falso, por lo que deciden pasar inadvertidos, paso a paso desandar este eterno invierno del alma.
Que paradoja el hecho de que uno los detecte a simple vista; será que alguna vez ese invierno nos hundió hasta las orejas en la nieve del desamor.
O quizás la primavera no se siente tan reconfortante como prometía.
viernes, junio 27, 2008
ilegales
Un país de ensueño existe no muy lejos, de colinas color amarillo limón, y anaranjado naranja.
En este país-paraíso, corren ríos torrentosos, blancos, rebosantes de millones de litros de leche. Nacen de manantiales de ubres, al pie de montañas de tiernas carnes.
A los costados del nutrido cauce, podría uno detenerse en un valle interminable de cereales luminosos, y frutas deliciosas, manjares dignos del rey mas exigente,
Las manzanas caen allí por ser tan grandes, que el brote no soporta semejante peso,
Y los granos de maíz son tan grandes, que las gallinas se indigestan.
A no muchos kilómetros del edén, un pibe se levanta en una villa periférica, apurado por sacar su carrito antes de que pase el basurero y le lleve el cartón que luego venderá para el reciclaje. Todavía es de noche en la ciudad y esta muy frío. La pechera con tres letras de alguna agrupación que le pago para ser número en un acto, no alcanza a cubrir sus flacos brazos.
De a poco el carro se va llenando y todo ese cartón se convierte en tortura.
El solo espera llegar a la planta para recibir su paga, y enfilar para el comedor comunitario.
Desde ayer ese comedor no tiene pan, y no se explica porqué.
Después de todo tiene pocos años, y todo es una aventura, incluso sortear por la tarde los peligros del basurero, y de tanto en tanto encontrar algún tesoro invaluable, en forma de lata o madera.
No sabe que existen camiones cuatro o cinco veces mas grandes que su casa, no tiene idea de que hay montones de alimentos a la vera de la ruta.
Menos que menos, tiene conciencia de que un cereal que jamás comió, abunda en los campos, y se usa para gasolina.
Pero al fin, si tuviera noción de todo eso, solo sería un ilegal, un indocumentado en aquel país de ensueños.
En este país-paraíso, corren ríos torrentosos, blancos, rebosantes de millones de litros de leche. Nacen de manantiales de ubres, al pie de montañas de tiernas carnes.
A los costados del nutrido cauce, podría uno detenerse en un valle interminable de cereales luminosos, y frutas deliciosas, manjares dignos del rey mas exigente,
Las manzanas caen allí por ser tan grandes, que el brote no soporta semejante peso,
Y los granos de maíz son tan grandes, que las gallinas se indigestan.
A no muchos kilómetros del edén, un pibe se levanta en una villa periférica, apurado por sacar su carrito antes de que pase el basurero y le lleve el cartón que luego venderá para el reciclaje. Todavía es de noche en la ciudad y esta muy frío. La pechera con tres letras de alguna agrupación que le pago para ser número en un acto, no alcanza a cubrir sus flacos brazos.
De a poco el carro se va llenando y todo ese cartón se convierte en tortura.
El solo espera llegar a la planta para recibir su paga, y enfilar para el comedor comunitario.
Desde ayer ese comedor no tiene pan, y no se explica porqué.
Después de todo tiene pocos años, y todo es una aventura, incluso sortear por la tarde los peligros del basurero, y de tanto en tanto encontrar algún tesoro invaluable, en forma de lata o madera.
No sabe que existen camiones cuatro o cinco veces mas grandes que su casa, no tiene idea de que hay montones de alimentos a la vera de la ruta.
Menos que menos, tiene conciencia de que un cereal que jamás comió, abunda en los campos, y se usa para gasolina.
Pero al fin, si tuviera noción de todo eso, solo sería un ilegal, un indocumentado en aquel país de ensueños.
domingo, junio 22, 2008
Premura
Se sienta en silencio, y en penumbras, recoge su soledad, para vestirse en silencio.
Del otro lado, descansa la mujer envuelta en el abrigo del engaño.
Quiere ser rápido, y marcharse. Es difícil mostrarse invulnerable frente a la contundente realidad de la desnudez
La mira por ultima vez como si fuera un trámite, y se escapa por la puerta que jamás le cerró el paso.
Ya en el frío de la calle, resucita su piel de hielo, prende un rubio, y se aleja sin mayor preocupación que la de un taxi para no caminar tanto.
La noche no durará tanto como para esconder el vacío de sus ojos.
Del otro lado, descansa la mujer envuelta en el abrigo del engaño.
Quiere ser rápido, y marcharse. Es difícil mostrarse invulnerable frente a la contundente realidad de la desnudez
La mira por ultima vez como si fuera un trámite, y se escapa por la puerta que jamás le cerró el paso.
Ya en el frío de la calle, resucita su piel de hielo, prende un rubio, y se aleja sin mayor preocupación que la de un taxi para no caminar tanto.
La noche no durará tanto como para esconder el vacío de sus ojos.
martes, junio 03, 2008
Todos somos pecadores, redimidos o reincidentes. Al fin y al cabo transitamos el camino aprendiendo (en la medida de lo posible) de los errores. En estos últimos se cimientan nuestros futuros aciertos.
Ya el sol, con la precisión de un Patek, asoma sus brazos, para mostrar tus piernas.
Como una especie de burdo y elemental Sísifo, voy a cerrar las cortinas para seguir equivocándome con tu desnuda espalda.
Ya el sol, con la precisión de un Patek, asoma sus brazos, para mostrar tus piernas.
Como una especie de burdo y elemental Sísifo, voy a cerrar las cortinas para seguir equivocándome con tu desnuda espalda.
jueves, marzo 27, 2008
existencias
A veces la sangre no da muestras de existencia, y como una cruda viceversa se muestra la ausencia, para demostrar que en un sentido metafísico, pero tangible al fin, te da ser, lejano y severo.
Hace poco, mientras permitía que la luz castigara mi espalda, recordé aquel día en que tu carne fue banquete, toda aroma, fuego, sal y agua.
La arena era ese día refugio despiadado de mis manos y porque no era correcto, te mordí los labios.
Pero el médano es alquimia, y el tiempo pinta en la costa, nuevas formas tan lejanas a.las que fueron nuestras, que parecen irreales.
Hoy recordé cuando tus ojos fueron un estanque, y de inmediato supe que no estabas.
Y por eso, me di cuenta de que estabas.
Hace poco, mientras permitía que la luz castigara mi espalda, recordé aquel día en que tu carne fue banquete, toda aroma, fuego, sal y agua.
La arena era ese día refugio despiadado de mis manos y porque no era correcto, te mordí los labios.
Pero el médano es alquimia, y el tiempo pinta en la costa, nuevas formas tan lejanas a.las que fueron nuestras, que parecen irreales.
Hoy recordé cuando tus ojos fueron un estanque, y de inmediato supe que no estabas.
Y por eso, me di cuenta de que estabas.
viernes, marzo 14, 2008
El último escudo del asesino
Se lo nota incomodo frente al magistrado, nunca estuvo ahí, expuesto y vulnerable.
Acostumbrado a la penumbra le pide vanamente sombras a la luz, mientras escucha cómo un joven de voz fina, inútil advenedizo de la lacra que alguna vez persiguió, lee unas acusaciones que no logra entender.
Está turbado, no recuerda ese asesinato, fueron tantos…
Casi mecánicamente, desfilan por su mente recuerdos insurgentes, de rostros sucios, suplicantes, miedosos, cansados.
Cada una de esas caras fue a parar hace ya muchos años a alguna olvidada fosa, o al fondo de algún río, o al fondo del mar.
Se siente en inferioridad de condiciones, después de tantos años, su memoria ya no es la misma, y la monótona voz del abogado, es como un molesto insecto que insiste en perturbar su ya confundido reducto de silencios.
Atrás están ellos, lo sabe, no los ha visto, pero sabe que están, son parientes.
Madres, padres, esposos hijos, etc. Todos enfurecidos, provistos de un rencor tan antiguo como persistente.
De pronto se da cuenta de su situación de viejo y con ella llega una desconocida sensación, el miedo.
Es posible que al fin después de tantos años, estos patéticos cobardes logren conseguir alguna pena para el y lo manden a la cárcel, para que pase allí sus últimos años.
El abogadito sigue hablando finamente y sus constantes palabras, le empiezan a sonar cada vez más tangibles.
Sus arrugas, acuchillan su rostro y cada uno de esos tajos se bifurca en otros como un río de sangre que da paso a otros, o como muchas manos con sus dedos clavados desesperadamente en su reseca piel.
Es en ese momento cuando se despierta otra certeza, esas arrugas, su cercanía con la muerte, sus años de impunidad no son enemigos, sino aliados de sus crímenes.
La justicia en su lento accionar, ha tardado tanto ya que los pocos años que le quedan no alcanzaran para pagar su infamia.
Es tan claro, tan preciso todo ahora, se siente indestructible. Inmune a los que lo desprecian.
Envuelto en ese nuevo estado de impunidad, se da vuelta para verlos, y cuando encuentra sus ojos, se ríe a carcajadas.
Nada suena en el recinto, su boca no ejecuta gesto burlón alguno, pero sus ojos…
Sus ojos gritan anunciando su nueva victoria.
El paso de los años, que tanto despierta mi curiosidad y simpatía, hoy, mirando a este asesino, se me antoja repulsivo, hereje, insoslayablemente maligno.
Acostumbrado a la penumbra le pide vanamente sombras a la luz, mientras escucha cómo un joven de voz fina, inútil advenedizo de la lacra que alguna vez persiguió, lee unas acusaciones que no logra entender.
Está turbado, no recuerda ese asesinato, fueron tantos…
Casi mecánicamente, desfilan por su mente recuerdos insurgentes, de rostros sucios, suplicantes, miedosos, cansados.
Cada una de esas caras fue a parar hace ya muchos años a alguna olvidada fosa, o al fondo de algún río, o al fondo del mar.
Se siente en inferioridad de condiciones, después de tantos años, su memoria ya no es la misma, y la monótona voz del abogado, es como un molesto insecto que insiste en perturbar su ya confundido reducto de silencios.
Atrás están ellos, lo sabe, no los ha visto, pero sabe que están, son parientes.
Madres, padres, esposos hijos, etc. Todos enfurecidos, provistos de un rencor tan antiguo como persistente.
De pronto se da cuenta de su situación de viejo y con ella llega una desconocida sensación, el miedo.
Es posible que al fin después de tantos años, estos patéticos cobardes logren conseguir alguna pena para el y lo manden a la cárcel, para que pase allí sus últimos años.
El abogadito sigue hablando finamente y sus constantes palabras, le empiezan a sonar cada vez más tangibles.
Sus arrugas, acuchillan su rostro y cada uno de esos tajos se bifurca en otros como un río de sangre que da paso a otros, o como muchas manos con sus dedos clavados desesperadamente en su reseca piel.
Es en ese momento cuando se despierta otra certeza, esas arrugas, su cercanía con la muerte, sus años de impunidad no son enemigos, sino aliados de sus crímenes.
La justicia en su lento accionar, ha tardado tanto ya que los pocos años que le quedan no alcanzaran para pagar su infamia.
Es tan claro, tan preciso todo ahora, se siente indestructible. Inmune a los que lo desprecian.
Envuelto en ese nuevo estado de impunidad, se da vuelta para verlos, y cuando encuentra sus ojos, se ríe a carcajadas.
Nada suena en el recinto, su boca no ejecuta gesto burlón alguno, pero sus ojos…
Sus ojos gritan anunciando su nueva victoria.
El paso de los años, que tanto despierta mi curiosidad y simpatía, hoy, mirando a este asesino, se me antoja repulsivo, hereje, insoslayablemente maligno.
martes, febrero 26, 2008
Filosofia de la Manzana
En el último piso del hospital, José festeja a solas su nuevo nombramiento de director general con un exquisito vino que supo camuflar sabiamente en su maletín.
No es para menos, tardo cerca de treinta años en llegar a esa oficina ubicada en la cima física y simbólica de este edificio.
Recuerda con nostalgia sus primeros pasos como estudiante y practicante, cuando lavaba miserias a la par de las enfermeras. Se suceden diversas imágenes, ya con su titulo de doctor, trabajo, acumulación de experiencia, competencia sana y de la otra, enfermos sanados, enfermos.
Luego le viene a la mente su especialización en cardiología, su casamiento con su actual esposa ex radióloga, su primer hijo y actual pediatra de la institución, su primer amante, instrumentista trasladada a un olvidado pueblito a consecuencia de una desafortunada confusión de roles, en la famosa relación “profesional-asistente”.
El segundo vaso de vino ya no tiene el gusto del éxito tan notable, por lo que se dispone a inventar en su nueva función, una vieja excusa de reunión para llegar tarde a la soledad acompañada de su alcoba matrimonial.
Mientras José levanta su teléfono allá en la cima, algo diferente sucede en el subsuelo donde se encuentra el director saliente, reposando en un nicho varios grados bajo cero.
Este frío cuerpo, trató durante varios años de hacer funcionar este hospital, que ahora lo resguarda de la vida agitada, abrazando sus restos con mortecina tranquilidad. Ya el estrés del mando no perturbará el descanso que tanto buscó sin esperar que fuera de ese modo, quedándose un tiempo mas, irónicamente en el hospital.
A pocos metros del congelado ex director, se encuentra Pablo, un estudiante de medicina que reparte sus sueños entre casarse prontamente con su novia, y ser medico algún no muy lejano día.
Quien sabe, arriesga, quizás hasta llegue al ultimo piso y pueda ver el mundo debajo de sus pies, con una copa de vino en sus manos.
Pero para eso falta mucho.
Se pueden tardar años en subir veinte metros, no tanto en bajarlos.
Cuando Newton descubrió su famosa ley, le quito a la manzana el encanto que con tanto sacrificio, Eva le había otorgado.
No es para menos, tardo cerca de treinta años en llegar a esa oficina ubicada en la cima física y simbólica de este edificio.
Recuerda con nostalgia sus primeros pasos como estudiante y practicante, cuando lavaba miserias a la par de las enfermeras. Se suceden diversas imágenes, ya con su titulo de doctor, trabajo, acumulación de experiencia, competencia sana y de la otra, enfermos sanados, enfermos.
Luego le viene a la mente su especialización en cardiología, su casamiento con su actual esposa ex radióloga, su primer hijo y actual pediatra de la institución, su primer amante, instrumentista trasladada a un olvidado pueblito a consecuencia de una desafortunada confusión de roles, en la famosa relación “profesional-asistente”.
El segundo vaso de vino ya no tiene el gusto del éxito tan notable, por lo que se dispone a inventar en su nueva función, una vieja excusa de reunión para llegar tarde a la soledad acompañada de su alcoba matrimonial.
Mientras José levanta su teléfono allá en la cima, algo diferente sucede en el subsuelo donde se encuentra el director saliente, reposando en un nicho varios grados bajo cero.
Este frío cuerpo, trató durante varios años de hacer funcionar este hospital, que ahora lo resguarda de la vida agitada, abrazando sus restos con mortecina tranquilidad. Ya el estrés del mando no perturbará el descanso que tanto buscó sin esperar que fuera de ese modo, quedándose un tiempo mas, irónicamente en el hospital.
A pocos metros del congelado ex director, se encuentra Pablo, un estudiante de medicina que reparte sus sueños entre casarse prontamente con su novia, y ser medico algún no muy lejano día.
Quien sabe, arriesga, quizás hasta llegue al ultimo piso y pueda ver el mundo debajo de sus pies, con una copa de vino en sus manos.
Pero para eso falta mucho.
Se pueden tardar años en subir veinte metros, no tanto en bajarlos.
Cuando Newton descubrió su famosa ley, le quito a la manzana el encanto que con tanto sacrificio, Eva le había otorgado.
miércoles, enero 02, 2008
Nada cambia cuando todo cambia
Se despojó de héroes que laceraban su esperanza, persistió en la búsqueda de la felicidad, como quien busca tres granos de azúcar en un lodazal.
Analizó fríamente las plumas que lo influenciaban, y descartó casi todas, incluso aquellas que no causaban efecto alguno sobre su existencia.
Probó nuevos sabores, desdeñando los viejos, en busca de un aroma que lo convenciera de quedarse.
Se espantó con ganas los reproches, para ser libre, lo mas libre posible.
Cayó como todos en el pragmatismo del despojo, y grito a los cuatro vientos sus secretos mas guardados.
Untó de verdad las paredes del deseo, y cortó de plano el peso de su historia.
Sangró hasta desfallecer, se curó, coaguló y volvió a sangrar, los mares de estructuras.
Rasgó el suelo con sus manos, enterró por fin su antiguo ser, y se alejó, todo distinto.
Nadie clama por su inocencia muerta, nadie festeja su sabiduría nueva.
Analizó fríamente las plumas que lo influenciaban, y descartó casi todas, incluso aquellas que no causaban efecto alguno sobre su existencia.
Probó nuevos sabores, desdeñando los viejos, en busca de un aroma que lo convenciera de quedarse.
Se espantó con ganas los reproches, para ser libre, lo mas libre posible.
Cayó como todos en el pragmatismo del despojo, y grito a los cuatro vientos sus secretos mas guardados.
Untó de verdad las paredes del deseo, y cortó de plano el peso de su historia.
Sangró hasta desfallecer, se curó, coaguló y volvió a sangrar, los mares de estructuras.
Rasgó el suelo con sus manos, enterró por fin su antiguo ser, y se alejó, todo distinto.
Nadie clama por su inocencia muerta, nadie festeja su sabiduría nueva.
lunes, diciembre 31, 2007
Imsomnio de una noche de verano
Ausente el sueño, dispongo mis ojos a enfocar paisajes.
El animal que guarda un dueño, enfoca sus orejas en la lejanía, mientras dos manos femeninas acarician el contorno de mi cara,
La casa se llena de luces cegadoras, de esas que son luces comunes, bajo la tiranía del sol.
Puedo ver entonces las sombras que todo lo empaquetan, y salgo sin rumbo en la cerrada noche.
Las calles son mas largas a esta hora, los ruidos más fuertes, y así todo.
Sobre la cima de un amor, dos pibes se miden la hombría a golpes, los dos van a perder, dejando paso a un eventual tercero. La piba lo sabe y no lo dice, es en vano.
Más allá corre un río de alcohol, escondido detrás de una humareda. Las risas son entonces bardas que enfocan el curso del líquido.
Casi no logra equilibrio ese del rincón, que evacua sus efluvios sin saber de que manera.
Envidio su estado, tan parecido a la actividad onírica, que no puedo conseguir.
Golpetea lejanamente un ritmo electronico de brazos levantados y bocas secas.
Una mesera mira su reloj y ve tres horas que aun no corrieron en su muñeca.
En una vidriera dos maniquíes montan show de modas para nadie que pasa.
En otra, nadie ve las ofertas del último best seller.
Doblo en una esquina, para no ir en contra del protocolo, y el mar me cuenta un par de cosas, secretos líquidos, gritos de salitre, murmullo de olas.
El frío de la madrugada me invade, o se siente como en casa, y yo resisto estoicamente un poco más.
Después, me dejo vencer por el cansancio y vuelvo a las sombras, las luces, y las manos.
El animal que guarda un dueño, enfoca sus orejas en la lejanía, mientras dos manos femeninas acarician el contorno de mi cara,
La casa se llena de luces cegadoras, de esas que son luces comunes, bajo la tiranía del sol.
Puedo ver entonces las sombras que todo lo empaquetan, y salgo sin rumbo en la cerrada noche.
Las calles son mas largas a esta hora, los ruidos más fuertes, y así todo.
Sobre la cima de un amor, dos pibes se miden la hombría a golpes, los dos van a perder, dejando paso a un eventual tercero. La piba lo sabe y no lo dice, es en vano.
Más allá corre un río de alcohol, escondido detrás de una humareda. Las risas son entonces bardas que enfocan el curso del líquido.
Casi no logra equilibrio ese del rincón, que evacua sus efluvios sin saber de que manera.
Envidio su estado, tan parecido a la actividad onírica, que no puedo conseguir.
Golpetea lejanamente un ritmo electronico de brazos levantados y bocas secas.
Una mesera mira su reloj y ve tres horas que aun no corrieron en su muñeca.
En una vidriera dos maniquíes montan show de modas para nadie que pasa.
En otra, nadie ve las ofertas del último best seller.
Doblo en una esquina, para no ir en contra del protocolo, y el mar me cuenta un par de cosas, secretos líquidos, gritos de salitre, murmullo de olas.
El frío de la madrugada me invade, o se siente como en casa, y yo resisto estoicamente un poco más.
Después, me dejo vencer por el cansancio y vuelvo a las sombras, las luces, y las manos.
domingo, noviembre 25, 2007
nostalgias
Tengo nostalgia de un tiempo no vivido. Nostalgia de un fogón repleto de arboles extintos, de una guitarra sin cuerdas que revienta de impotencia. Extraño un olor de especias muy picante, salpicado en un cordero asado. También un vino añoso de preferencia tinto, endulzado con mirra y miel. Tengo nostalgia de pelea, con algún matoncito de perdida esquina, en una noche de luna, sin más armas que un cuchillo y la inconsciencia. Quiero recorrer de nuevo el burdel de vírgenes que jamás me han besado, y cuarentonas que jamás me han guiado. Deseo volver a encabezar las listas negras de la sociedad blanca. Añoro un mundo de dragones relajados, y doncellas sin tapujos. Tengo nostalgia de un tiempo no vivido. Pero entonces apareces vos, y todo me parece más lejano. Solo queda tu mirada y mi olvido, combinación suficiente para dormir la siesta apretaditos, sin después a la vista.
viernes, febrero 09, 2007
planes
Ayer hacía calor, mucho, casi agobiante, cuarenta y dos grados de calcinante pesadez, más aun para un patagónico acostumbrado al sol sin tibieza del invierno.
Ayer sin embargo, yo tenía una profunda calma, y el alivio del mar deviniendo en mi piel, humedeciendo mis poros, enfriando el táctil sentido de mis cosas.
Ayer pasaban señoritas, livianas de ropa, semidiosas de lentes de marca y sonrisa de estrella pop.
Ayer me tome un helado en una heladería para no ir en contra de ningún protocolo, y aunque parezca un acto rutinario, lo disfruté con intensidad.
Ayer transpire de lo lindo mientras transitaba el camino de vuelta a la casa, lógico que cuando llegué, me senté bajo el árbol y después de regar el patio, me dispuse a degustar el amargo mate que suele ser tan placentero, mirando la pared medianera como si fuera una quimera lejana.
Ayer se fué lento, al cansino paso del sol, que sabedor milenario de su efecto, se descarga inclemente sobre la siempre desprevenida tierra.
Pero bueno…
Eso fue ayer. Hoy, que esta fresquito, casi apropiado para el disfrute patagónico, que las nubes contienen la salvaje naturaleza del sol, que la tierra esta atenta; hoy me levante con ganas de pensarte, y eso malogra los planes mas divinos.
Ayer sin embargo, yo tenía una profunda calma, y el alivio del mar deviniendo en mi piel, humedeciendo mis poros, enfriando el táctil sentido de mis cosas.
Ayer pasaban señoritas, livianas de ropa, semidiosas de lentes de marca y sonrisa de estrella pop.
Ayer me tome un helado en una heladería para no ir en contra de ningún protocolo, y aunque parezca un acto rutinario, lo disfruté con intensidad.
Ayer transpire de lo lindo mientras transitaba el camino de vuelta a la casa, lógico que cuando llegué, me senté bajo el árbol y después de regar el patio, me dispuse a degustar el amargo mate que suele ser tan placentero, mirando la pared medianera como si fuera una quimera lejana.
Ayer se fué lento, al cansino paso del sol, que sabedor milenario de su efecto, se descarga inclemente sobre la siempre desprevenida tierra.
Pero bueno…
Eso fue ayer. Hoy, que esta fresquito, casi apropiado para el disfrute patagónico, que las nubes contienen la salvaje naturaleza del sol, que la tierra esta atenta; hoy me levante con ganas de pensarte, y eso malogra los planes mas divinos.
domingo, enero 21, 2007
desacuerdo
Sentado en el frente de su casa, mira el horizonte como un amigo cercano. De hecho, el horizonte para el esta tan cerca que sobre su línea deposita recuerdos y errores ya pasados antes que sueños y aspiraciones imposibles.
Ya vivió una larga existencia de frustraciones y logros. Tuvo a su merced el corazón de alguna dama, y en su inexperiencia, lo exprimió como quien aprieta hasta la muerte, un pájaro que comía de la mano. Pasó por la larga y dolorosa prueba de la mujer que lo abandonó por otro, lloró mares escondido en algún rincón sucio y oscuro, para expiar la contaminante estela de una herida que aun hoy, no termina de doler.
Se dio cuenta de la vileza del hombre como especie y de la increíble bondad que surge de la misma existencia.
Tuvo descendencia y alguna vez le cortó el vuelo por el simple hecho de tenerlos cerca, de no dejarlos valerse por si mismos.
Hoy se asoma todos cada mañana al Acherón, y conversa sobre sus dolores óseos con Caronte.
Sin embargo, casi ilógicamente aparece su chica, esa que lo acompaña desde hace cincuenta años, y lo besa apasionadamente.
En ese rutinario y maravilloso momento redime su vida hasta que las renovadas ganas de vivir le otorgan otra jornada en la tierra de los vivos.
Caronte se aleja frustrado, su vil pago deberá esperar. Tendría que estar feliz, su empresa recolecta más pasajeros cada día pero, ¿se imaginan a Caronte feliz? El tampoco se atreve a hacerlo.
Ya vivió una larga existencia de frustraciones y logros. Tuvo a su merced el corazón de alguna dama, y en su inexperiencia, lo exprimió como quien aprieta hasta la muerte, un pájaro que comía de la mano. Pasó por la larga y dolorosa prueba de la mujer que lo abandonó por otro, lloró mares escondido en algún rincón sucio y oscuro, para expiar la contaminante estela de una herida que aun hoy, no termina de doler.
Se dio cuenta de la vileza del hombre como especie y de la increíble bondad que surge de la misma existencia.
Tuvo descendencia y alguna vez le cortó el vuelo por el simple hecho de tenerlos cerca, de no dejarlos valerse por si mismos.
Hoy se asoma todos cada mañana al Acherón, y conversa sobre sus dolores óseos con Caronte.
Sin embargo, casi ilógicamente aparece su chica, esa que lo acompaña desde hace cincuenta años, y lo besa apasionadamente.
En ese rutinario y maravilloso momento redime su vida hasta que las renovadas ganas de vivir le otorgan otra jornada en la tierra de los vivos.
Caronte se aleja frustrado, su vil pago deberá esperar. Tendría que estar feliz, su empresa recolecta más pasajeros cada día pero, ¿se imaginan a Caronte feliz? El tampoco se atreve a hacerlo.
viernes, enero 05, 2007
sincronizados
La muchacha mueve sinuosamente sus hormonas. Sabe que los demás piensan que es hermosa; se sabe hermosa. Camina la calle destapando imaginaciones de romance. Se convierte en múltiple amor platónico de los cientos que patrullan el paisaje buscando utopías.
No se porque las esquinas tienen ese imán para los hechos, todo pasa en una esquina, nunca en mitad de cuadra….
El caso es que en una de esas esquinas, la linda chica se cruza con un muchacho, nada especial, pero hay algo; ese no se que, esa simbiosis que provoca confusión.
“por casualidad”, la chica necesita saber que hora es, y “por casualidad”, el chico tiene hora. Y empieza el tiempo a ser extraño cupido de ese par.
Se ven, se acuerdan, se conocen, se esperaban, se enamoran.
A dos cuadras exactas (porque el destino tiene esos caprichos) hay otro par que se cruza, podrían ser una futura pareja de enamorados, como los dos que acaban de conocerse…
Pero la chica no quiere saber la hora, y el pibe no usa reloj.
Avatares del tiempo, caprichos del destino, o balance de la vida, quien sabe…
No se porque las esquinas tienen ese imán para los hechos, todo pasa en una esquina, nunca en mitad de cuadra….
El caso es que en una de esas esquinas, la linda chica se cruza con un muchacho, nada especial, pero hay algo; ese no se que, esa simbiosis que provoca confusión.
“por casualidad”, la chica necesita saber que hora es, y “por casualidad”, el chico tiene hora. Y empieza el tiempo a ser extraño cupido de ese par.
Se ven, se acuerdan, se conocen, se esperaban, se enamoran.
A dos cuadras exactas (porque el destino tiene esos caprichos) hay otro par que se cruza, podrían ser una futura pareja de enamorados, como los dos que acaban de conocerse…
Pero la chica no quiere saber la hora, y el pibe no usa reloj.
Avatares del tiempo, caprichos del destino, o balance de la vida, quien sabe…
sábado, diciembre 09, 2006
reemplazos
Son las dos de la mañana, y Martín mira a su compañera desconocida, desnuda a su lado en la cama. La toca y sigue su línea curva, en ascendente camino hacia su nuca. Tan tangible y lejana es, que le duele no conocerla.
Mañana se levantara y le pedirá el teléfono, piensa, y de paso, sabrá como se llama. En el momento de la despedida, pasara esa mujer a ser una nueva rayita en la gris pared de su mental recuento de conquistas. Pero eso será mañana, ahora la despierta para hacer el amor una vez más…
Tres de la madrugada, Jorge mira su vaso de wisky vacío, solo un hielo casi vuelto a su líquido estado. Patético reflejo de su existencia, se derrite, indefectiblemente.
Da vuelta su cabeza y sus ojos ven un mundo que su cuerpo no comprende, suspendido en confusión etílica, no le queda mas remedio que buscar en su bolsillo las ultimas reservas, y pedir dos dedos más. Después vera como hace, para que su mujer no le grite, y sus hijos no lloren. Quien sabe, hasta quizás la patrona no despierte, o como hace un tiempo ya, finja no despertarse…
A las cuatro, Mauro se lava la cara en el baño del boliche, sus enrojecidos ojos le devuelven su imagen de maniquí, duro como un meteorito, busca concentrarse en la minita que lo espera, su mano le tiembla, pero no se da cuenta, porque tiembla todo.
Mete la mano en su bolsillo, toma dos de las pastillas, las deglute de un saque, se moja la cabeza. Ni siquiera recuerda que ya se la mojó, solo escucha la música rave y sale como zombi al encuentro de la pista….
El casino es pródigo en personajes como Pablo, la suerte lo alejó de su regazo hace años, y el sigue buscándola, aun sabiendo que no la va a encontrar.
Gira su mundo en números sin significado, docenas de deudas, columnas que lo encierran, calles sin salida, rojos de ira, y negros de impotencia. A las cinco en punto, una cruel voz le escupe al oído, que es la última bola de la noche, y casi desesperadamente, desparrama su última miseria en la mesa…
Las seis de la mañana, el cenicero esta tan lleno, que su olor contamina toda la casa.
No hay mas luz que la computadora prendida, y su reflejo termina por incrustarse dolorosamente en mi retina; no vas a volver, y faltan dos horas para que abra el quiosco de la esquina, para que seguir despierto, mejor dejo al sueño que te saque de mis ansias…
Mañana se levantara y le pedirá el teléfono, piensa, y de paso, sabrá como se llama. En el momento de la despedida, pasara esa mujer a ser una nueva rayita en la gris pared de su mental recuento de conquistas. Pero eso será mañana, ahora la despierta para hacer el amor una vez más…
Tres de la madrugada, Jorge mira su vaso de wisky vacío, solo un hielo casi vuelto a su líquido estado. Patético reflejo de su existencia, se derrite, indefectiblemente.
Da vuelta su cabeza y sus ojos ven un mundo que su cuerpo no comprende, suspendido en confusión etílica, no le queda mas remedio que buscar en su bolsillo las ultimas reservas, y pedir dos dedos más. Después vera como hace, para que su mujer no le grite, y sus hijos no lloren. Quien sabe, hasta quizás la patrona no despierte, o como hace un tiempo ya, finja no despertarse…
A las cuatro, Mauro se lava la cara en el baño del boliche, sus enrojecidos ojos le devuelven su imagen de maniquí, duro como un meteorito, busca concentrarse en la minita que lo espera, su mano le tiembla, pero no se da cuenta, porque tiembla todo.
Mete la mano en su bolsillo, toma dos de las pastillas, las deglute de un saque, se moja la cabeza. Ni siquiera recuerda que ya se la mojó, solo escucha la música rave y sale como zombi al encuentro de la pista….
El casino es pródigo en personajes como Pablo, la suerte lo alejó de su regazo hace años, y el sigue buscándola, aun sabiendo que no la va a encontrar.
Gira su mundo en números sin significado, docenas de deudas, columnas que lo encierran, calles sin salida, rojos de ira, y negros de impotencia. A las cinco en punto, una cruel voz le escupe al oído, que es la última bola de la noche, y casi desesperadamente, desparrama su última miseria en la mesa…
Las seis de la mañana, el cenicero esta tan lleno, que su olor contamina toda la casa.
No hay mas luz que la computadora prendida, y su reflejo termina por incrustarse dolorosamente en mi retina; no vas a volver, y faltan dos horas para que abra el quiosco de la esquina, para que seguir despierto, mejor dejo al sueño que te saque de mis ansias…
sábado, noviembre 11, 2006
Piloto
Vuela su alma en un sinfín de piruetas. Le pasa raspando a los cables de teléfono, y un loro se queja porque el viento lo asusto a su paso.
Sigue contento, rebosante de alegría, su itinerario de traviesos rumbos.
La escuela, la casa de Luciano, su mejor amigo, de ahí por el campo, hasta volver, del otro lado de la ruta a la parte más poblada.
Le pega una fugaz visita a la casa de su abuela y emprende raudo el regreso…
Pasa por el almacén de don Raúl, el que le pregunta como anda en la escuela, y el le contesta bien, y le regala siempre los caramelos de dulce de leche, por supuesto, con cara de enojado
No se detiene el viaje; por allá abajo, anda Camila, la que siempre lo pelea, pero después lo busca. El otro día se le cayo un diente y se enojó, porque el le dijo cara de piano.
Casi llega a destino, puede ver a lo lejos la cara de su padre, adusta, pensando en cosas de grandes, la comida, el trabajo, que se yo.
Al fin, mientras sobrevuela con pericia su propio continente, escucha a lo lejos su nombre.
-¡Martín!- que raro es escucharlo desde ahí-¡Martiiiin!-
Se amalgama de nuevo, violentamente, cuerpo y alma, y mira como perdido, sin saber bien que es ahora, ente físico o metafísico.
Como sea se levanta, y se va corriendo con su madre.
- Ay Martín, siempre en la luna vos-
El tiene ganas de decirle que no se le ocurrió volar hasta la luna, pero mejor se calla.
Se ahorra un coscorrón… y gana un nuevo destino de visita.
Sigue contento, rebosante de alegría, su itinerario de traviesos rumbos.
La escuela, la casa de Luciano, su mejor amigo, de ahí por el campo, hasta volver, del otro lado de la ruta a la parte más poblada.
Le pega una fugaz visita a la casa de su abuela y emprende raudo el regreso…
Pasa por el almacén de don Raúl, el que le pregunta como anda en la escuela, y el le contesta bien, y le regala siempre los caramelos de dulce de leche, por supuesto, con cara de enojado
No se detiene el viaje; por allá abajo, anda Camila, la que siempre lo pelea, pero después lo busca. El otro día se le cayo un diente y se enojó, porque el le dijo cara de piano.
Casi llega a destino, puede ver a lo lejos la cara de su padre, adusta, pensando en cosas de grandes, la comida, el trabajo, que se yo.
Al fin, mientras sobrevuela con pericia su propio continente, escucha a lo lejos su nombre.
-¡Martín!- que raro es escucharlo desde ahí-¡Martiiiin!-
Se amalgama de nuevo, violentamente, cuerpo y alma, y mira como perdido, sin saber bien que es ahora, ente físico o metafísico.
Como sea se levanta, y se va corriendo con su madre.
- Ay Martín, siempre en la luna vos-
El tiene ganas de decirle que no se le ocurrió volar hasta la luna, pero mejor se calla.
Se ahorra un coscorrón… y gana un nuevo destino de visita.
lunes, noviembre 06, 2006
protesta
Empiezan temprano...Los bombos, las gomas, las ollas, las pancartas, los “pesados”. Todo en orden.
Del otro lado también…los cascos, los escudos, las cachiporras, los gases, los “pesados”. Todo en orden.
El ejercicio es usual, casi mecánico. De un lado cantan, reclaman, insultan, y de vez en cuando alguien con un gran megáfono, organiza movimiento y reclamo.
Del otro lado esperan, saben que en algún momento, algo va a pasar. Escudos bajos, bastones en mano.
Y lo que esperan, pasa
Un manifestante tira una piedra, y luego otro, la andanada de gases no se hace esperar. Como en un desorganizado concierto, piedras y gases, vuelan de un lugar a otro, trazando parábolas de intolerancia.
Segunda fase, los tiros. Para dispersar agitadores, la policía se vale de “pacificadoras” balas de goma. En la plaza-campodebatalla, suenan los estruendos de una escopeta, que impone el orden, y lacera espaldas. Una piedra se queja de la injusticia, y ajusticia una cabeza.
Pronto, la marcha se dispersa por calles aledañas, siempre en una danza de tiros y puteadas. Un huelguista del frente, considera que ha llegado el tiempo de la honrosa retirada, que cubre con un manto de aceite y nafta. El fuego se propaga, esparciendo antinomias, y los agentes del orden se desbandan, solo para rearmarse en otro sector, siguiendo con su llamado a la paz del gatillo.
Al final, tres horas y un montón de odio después, el saldo es claro.
Ocho policías y treinta manifestantes heridos. Doce agitadores presos… y ningún reopositor de paz.
Ah, en la plaza, un nogal, centenario, donde alguna vez han jugado juntos el agitador, el intendente, y el policía, termina de prenderse fuego estoicamente, como se prenden los árboles.
No va a aparecer en la estadística esa muerte, porque; quien sabe lo que reclamaría.
Lo cierto es que mañana, no habrá una turba de árboles pidiendo justicia, por el nogal caído.
Del otro lado también…los cascos, los escudos, las cachiporras, los gases, los “pesados”. Todo en orden.
El ejercicio es usual, casi mecánico. De un lado cantan, reclaman, insultan, y de vez en cuando alguien con un gran megáfono, organiza movimiento y reclamo.
Del otro lado esperan, saben que en algún momento, algo va a pasar. Escudos bajos, bastones en mano.
Y lo que esperan, pasa
Un manifestante tira una piedra, y luego otro, la andanada de gases no se hace esperar. Como en un desorganizado concierto, piedras y gases, vuelan de un lugar a otro, trazando parábolas de intolerancia.
Segunda fase, los tiros. Para dispersar agitadores, la policía se vale de “pacificadoras” balas de goma. En la plaza-campodebatalla, suenan los estruendos de una escopeta, que impone el orden, y lacera espaldas. Una piedra se queja de la injusticia, y ajusticia una cabeza.
Pronto, la marcha se dispersa por calles aledañas, siempre en una danza de tiros y puteadas. Un huelguista del frente, considera que ha llegado el tiempo de la honrosa retirada, que cubre con un manto de aceite y nafta. El fuego se propaga, esparciendo antinomias, y los agentes del orden se desbandan, solo para rearmarse en otro sector, siguiendo con su llamado a la paz del gatillo.
Al final, tres horas y un montón de odio después, el saldo es claro.
Ocho policías y treinta manifestantes heridos. Doce agitadores presos… y ningún reopositor de paz.
Ah, en la plaza, un nogal, centenario, donde alguna vez han jugado juntos el agitador, el intendente, y el policía, termina de prenderse fuego estoicamente, como se prenden los árboles.
No va a aparecer en la estadística esa muerte, porque; quien sabe lo que reclamaría.
Lo cierto es que mañana, no habrá una turba de árboles pidiendo justicia, por el nogal caído.
miércoles, noviembre 01, 2006
escolazo
Hay cuatro seres en la mesa; enredados en un juego a vida o muerte. Un ángel, un demonio, y dos aprendices de los antes mencionados.
El juego elegido es la baraja; mas precisamente el truco.
Están técnicamente, jugando un dieciocho seco. O sea que quien llegue primero a dieciocho, gana la partida.
Mientras, en un baldío cercano, dos pibes juegan a los pistoleros, con dos palos que en ese momento, son certeras armas, de brillantes cachas.
La pareja celestial lleva quince buenas, mientras que el dúo infernal, lleva quince malas.
Dado que en este juego del mas allá, no hay Ángeles malos, ni demonios buenos, se puede decir que es un empate hasta ahora.
Los pibes corren de un yuyo a otro, de un montículo de tierra a otro, disparando imaginarias balas, siendo héroes y justicieros, letales e invencibles.
El envido ya lo canto el demonio y no fue querido. Un punto mas para el purgatorio. Y van dieciséis.
El semblante serio del ángel; denota un aprieto que parece intenta disimular, diciendo:
-no importa compañero, esto se soluciona con el truco-
El grito de triunfo del demonio, no se hace esperar.
-¡quiero retruco!-
El ángel casi con resignación, otorga un serio:
-quiero-
En el baldío los dos pibes corren, uno de ellos escapa a la balacera del otro, pasando por sobre una chapa de metal.
El demonio muestra su triunfante carta, un as de basto y la deja en la mesa con un sonoro golpe, que ningún mortal ha escuchado.
El ángel parsimoniosamente, se lleva su carta a la frente, y como no tiene fluidos, solo atina a hacerla levitar. Un as de espadas. Fin del juego.
En ese momento la chapa por la que corría el niño, de dobla a la mitad, y este logra asirse a un palo que esta a poca distancia; con esfuerzo y miedo, puede al fin salir. Ha ganado la vida; se ha salvado “de milagro”.
Cuando por fin los demonios se han marchado, el aspirante a ángel, le pregunta al ángel consumado como fue que hizo para ganarle a los demonios.
-Hay dos cosas que los demonios no tuvieron en cuenta. La primera fue que los Ángeles no mentimos, por lo que si digo que ganamos el truco, es porque lo ganamos. Y la segunda, es que tuve un buen maestro de este juego.-
-¿Dios?-
El ángel no contesta, pero le obsequia una cómplice mirada.
-Entonces… ¿es verdad?-
Silencio
-Dios… ¿es argento?-
Más silencio.
¿Y la mano del diego?
El ángel se desmaterializa, y el aspirante se queda pensando en que siempre le hace lo mismo.
Se va por las calles del barrio, y se cruza con dos pies que hoy se salvaron de morir, pero no le presta mayor atención; esta ocupado silbando el tema de Divididos, ¿Qué ves? Silba la parte que dice”el bien y el mal definen por penal”.
Y ningún mortal lo escucha
El juego elegido es la baraja; mas precisamente el truco.
Están técnicamente, jugando un dieciocho seco. O sea que quien llegue primero a dieciocho, gana la partida.
Mientras, en un baldío cercano, dos pibes juegan a los pistoleros, con dos palos que en ese momento, son certeras armas, de brillantes cachas.
La pareja celestial lleva quince buenas, mientras que el dúo infernal, lleva quince malas.
Dado que en este juego del mas allá, no hay Ángeles malos, ni demonios buenos, se puede decir que es un empate hasta ahora.
Los pibes corren de un yuyo a otro, de un montículo de tierra a otro, disparando imaginarias balas, siendo héroes y justicieros, letales e invencibles.
El envido ya lo canto el demonio y no fue querido. Un punto mas para el purgatorio. Y van dieciséis.
El semblante serio del ángel; denota un aprieto que parece intenta disimular, diciendo:
-no importa compañero, esto se soluciona con el truco-
El grito de triunfo del demonio, no se hace esperar.
-¡quiero retruco!-
El ángel casi con resignación, otorga un serio:
-quiero-
En el baldío los dos pibes corren, uno de ellos escapa a la balacera del otro, pasando por sobre una chapa de metal.
El demonio muestra su triunfante carta, un as de basto y la deja en la mesa con un sonoro golpe, que ningún mortal ha escuchado.
El ángel parsimoniosamente, se lleva su carta a la frente, y como no tiene fluidos, solo atina a hacerla levitar. Un as de espadas. Fin del juego.
En ese momento la chapa por la que corría el niño, de dobla a la mitad, y este logra asirse a un palo que esta a poca distancia; con esfuerzo y miedo, puede al fin salir. Ha ganado la vida; se ha salvado “de milagro”.
Cuando por fin los demonios se han marchado, el aspirante a ángel, le pregunta al ángel consumado como fue que hizo para ganarle a los demonios.
-Hay dos cosas que los demonios no tuvieron en cuenta. La primera fue que los Ángeles no mentimos, por lo que si digo que ganamos el truco, es porque lo ganamos. Y la segunda, es que tuve un buen maestro de este juego.-
-¿Dios?-
El ángel no contesta, pero le obsequia una cómplice mirada.
-Entonces… ¿es verdad?-
Silencio
-Dios… ¿es argento?-
Más silencio.
¿Y la mano del diego?
El ángel se desmaterializa, y el aspirante se queda pensando en que siempre le hace lo mismo.
Se va por las calles del barrio, y se cruza con dos pies que hoy se salvaron de morir, pero no le presta mayor atención; esta ocupado silbando el tema de Divididos, ¿Qué ves? Silba la parte que dice”el bien y el mal definen por penal”.
Y ningún mortal lo escucha
viernes, octubre 27, 2006
Equivocado
Hace un tiempo, pase por la plaza de mi querido lugar, y vi sentado a un pibe. No tendría más de 18 años, regalando tiempo supuesto.
A su lado había una nena, que aparentaba los dos primeros años. Le preguntaba insistentemente, “papa, papa, ¿Cómo era?”.
Mientras pasaba por su lado, se me ocurrió que el pibe se habia equivocado, y que con su noviecita, no habían reparado en cuidados de tipo moral y profiláctico.
Producto de esa equivocación, había nacido esa nena, que seguro tendría mas crianza de sus abuelos que de los mismos padres.
Me imagine también, lo atado que estaría el pibe, al cargar el peso de la paternidad.
Pensé que el desgaste de pareja, en caso de que los jóvenes padres todavía lo fueran, les llegaría más temprano.
El caso es que este pibe le dice a su hija” repetí: TE-A-MO-PA-PA”
A lo que su hija obedeció sin preámbulos.
Por unos instantes, mientras me alejaba (100 o 120 pasos), me sorprendí deseando ser un pibe equivocado.
A su lado había una nena, que aparentaba los dos primeros años. Le preguntaba insistentemente, “papa, papa, ¿Cómo era?”.
Mientras pasaba por su lado, se me ocurrió que el pibe se habia equivocado, y que con su noviecita, no habían reparado en cuidados de tipo moral y profiláctico.
Producto de esa equivocación, había nacido esa nena, que seguro tendría mas crianza de sus abuelos que de los mismos padres.
Me imagine también, lo atado que estaría el pibe, al cargar el peso de la paternidad.
Pensé que el desgaste de pareja, en caso de que los jóvenes padres todavía lo fueran, les llegaría más temprano.
El caso es que este pibe le dice a su hija” repetí: TE-A-MO-PA-PA”
A lo que su hija obedeció sin preámbulos.
Por unos instantes, mientras me alejaba (100 o 120 pasos), me sorprendí deseando ser un pibe equivocado.
miércoles, octubre 25, 2006
cincuenta centavos de alegría
Con un millon de pesos, podría yo comprame una linda casa en un lindo barrio, plena de comodidades; auto importado incluído.
O viajar por lugares exóticos y disfrutar de la compañia de damas, de baja imagen, pero alta belleza.
O entrar en los lugares mas refinados, hacer ostentacion de mi buena fortuna y despilfarrar la misma en frivolidades placenteras.
Con cien mil pesos, los posibilidades se acortan un poco, pero aun me alcanza para un auto, incluso uno importado, no deamasiado caro, pero con buena estampa. incluiría eso una imagen de abundancia, y la posibilidad de conquistar alguna linda dama, que tenga austeras pretensiones.
Con diez mil pesos, me alcanza quiza para un autito, un viaje a cataratas, y un acotado despilfarro , en tiempo y cantidades, pero despilfarro al fin.
Con mil pesos, debería yo pensar en entrar a un lupanar local, y adecuarme holgadamente al tiempo de las bellezas de la zona, o comprarme una bici de dieciocho cambios, o invitar a salir a alguna desprevenida , agasajarla como se merece, y soltarle mis caninos, por ahi, quien sabe, cazo algo.
Con cien pesos, la cosa se acota drásticamente, puedo invitar a cenar a la misma chica, pero debo cocinar yo. O me compro un buen libro, suponiendo que mi eleccion sea correcta, y paso algunas horas de evasión mental. Sin efectos colaterales.
Pero da la casualidad, de que hoy no tengo cien, mil, cien mil y mucho menos un millon de pesos.
Solo tengo cincuenta centavos, que destinaré para comprar un bombon de chocolate, que a su vez te voy a regalar.
De ese modo cumplo con varios objetivos; primelo el regalo, despues te dibujo una sonrisa, y por último , como me alegra que rias, me compro a mi mismo, cincuenta centavos de alegría.
Hay que ahorrar, todo sube.Incluso mi cariño.
O viajar por lugares exóticos y disfrutar de la compañia de damas, de baja imagen, pero alta belleza.
O entrar en los lugares mas refinados, hacer ostentacion de mi buena fortuna y despilfarrar la misma en frivolidades placenteras.
Con cien mil pesos, los posibilidades se acortan un poco, pero aun me alcanza para un auto, incluso uno importado, no deamasiado caro, pero con buena estampa. incluiría eso una imagen de abundancia, y la posibilidad de conquistar alguna linda dama, que tenga austeras pretensiones.
Con diez mil pesos, me alcanza quiza para un autito, un viaje a cataratas, y un acotado despilfarro , en tiempo y cantidades, pero despilfarro al fin.
Con mil pesos, debería yo pensar en entrar a un lupanar local, y adecuarme holgadamente al tiempo de las bellezas de la zona, o comprarme una bici de dieciocho cambios, o invitar a salir a alguna desprevenida , agasajarla como se merece, y soltarle mis caninos, por ahi, quien sabe, cazo algo.
Con cien pesos, la cosa se acota drásticamente, puedo invitar a cenar a la misma chica, pero debo cocinar yo. O me compro un buen libro, suponiendo que mi eleccion sea correcta, y paso algunas horas de evasión mental. Sin efectos colaterales.
Pero da la casualidad, de que hoy no tengo cien, mil, cien mil y mucho menos un millon de pesos.
Solo tengo cincuenta centavos, que destinaré para comprar un bombon de chocolate, que a su vez te voy a regalar.
De ese modo cumplo con varios objetivos; primelo el regalo, despues te dibujo una sonrisa, y por último , como me alegra que rias, me compro a mi mismo, cincuenta centavos de alegría.
Hay que ahorrar, todo sube.Incluso mi cariño.
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